La Planta Abismal
No sabía qué esperar de ella, mientras la regaba, me preguntaba si podría oír mis pensamientos y si mi desinterés podría ser mortal, después de todo, era una planta del espacio y tampoco iba a comentarle a nadie sobre ella, porque no sabía si me comprometería a cuidarla. Sería mi secreto, y si dejaba de vivir, nadie más que yo lo sabría, por lo que, no habría nada que lamentar. Tienes algo tan inmenso en las manos, algo con lo que los grandes hombres han soñado, un descubrimiento, una evidencia de lo inimaginable y sin embargo tu odio por ella es más fuerte que la curiosidad de ver a dónde conduce, y tu mezquindad es como un espíritu que te ha poseído y te arrebata el sentido de humanidad que te grita que, alguien más debe saberlo: los científicos, la prensa, el gobierno, las personas, las malditas personas. Me fui a dormir. Las horas avanzaron pero no soñé, solo una tormenta silenciosa se desataba en mi mente. Una tormenta de vapor y abrí los ojos, con la mirada fija...